sábado, 9 de enero de 2010

Un día me levanté temprano


No podía dormir con pesadillas que solo eran eso, pesadillas. Me levanté a eso de las cuatro de la madrugada, preparé un café y me dispuse a beberlo en el comedor mientras leía un cuento, "La Torre de las Infantas" de Washington Irving. Ya lo he leído con anterioridad y fué un libro obsequio de un buen español que me regaló en Madrid. Es un libro de historias fantásticas del mundo árabe en Granada. Cuentos que llevan a uno a practicamente imaginarse que se está allí con sultanes y princesas árabes. Enamoramientos entre moros y cristianos, (no crean que frijoles negros revueltos con arróz blanco) no, verdaderos encantamientos entre razas diferentes de ser y pensar.


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La segunda llamada de siete.

En eso estaba cuando han dado la primera de misa de siete, me he levantado de mi asiento y a dárme un duchaso y con rapidéz me he ido a ver si podía grabar las siguientes llamadas. Caminaba por la antigüa calle del diezmo cuando veo que Fina, (que andaba barriendo la acera) deja la escoba y se retira. Solo me dió tiempo de poner el botón de filmar no se en que tipo de color y alcanzé a grabar el trino de los pájaros y el tañir de la campana. ¿Verdad que es bellísimo el sonido? Bueno, eso creo yo y puede que sea que es porque no vivo en el pueblo. Ese es uno de los sonidos cotidianos de mi pueblo que más extraño. Odio la bocina que traen los vendedores del gas con un sonidito que aburre de "naquito". El de la basura, parece que suenan un bote viejo creo, no tienen campana...la próxima vez que esté en el pueblo, les compraré una campana. El sonido será mucho mejor, se los aseguro.


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La última llamada de siete.

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