jueves, 20 de mayo de 2010

Fuí de cazería de Meleagris gallopavo









Volver de cazería al uno de los desiertos del Noroeste de los EE. UU. un mes después de haber dado comienzo la cazería de pavos o guajolotes es drasticamente diferente. Me refiero a la temperatura de la zona desértica. El pasto, jaras, artemisas, (no crean que la Diosa de la cazería de la mitología griega) me refiero a la planta más común de ese desierto. Todos los pocos árboles que existen allí, se encuentran completamente coronados de hojas y el calor, insoportable. Aunque estuve allí tres días, dos de ellos no estuvo tan mal en clima porque nubló y llovió. Eso nos calló de maravilla en tan caluroso ambiente. Me fuí de cazería en cuatro ocaciones y por aproximadamente cuatro horas cada vez. Creo que a los pavos se les ha disparado con demasía porque se les veía muy, muy alertos a cualquier movimiento y casi no los vimos. También, las hembras deben de estar ya en el nido empollando y los machos han perdido el interés en sexo y no responden a ningún tipo de llamado. Los pavos silvestres son muy diferentes en comportamiento a los de corral que son hasta "tontos". Los guajolotes silvestres son alertas y ven a uno parpadear a una distancia de ochenta metros. Si va uno a cazar pavos, se tiene que camuflagear de pies a cabeza.











Pues finalmente y después de cuatro intentos, decidimos mejor beber cerveza "red hood" y pasar la noche cotorreando sobre las nueve, nueve víboras de cascabel y un oso negro que nos encontramos. Medían las veiboras aproximadamente unos cuarenta y cinco centímetros de largas y sonaban el cascabel con tanta fuerza que hacen a uno temer andar por esos lugares. El oso negro tendría unos tres años de edad y también nos hizo temer un poco porque su curiosidad era mucha, ni con un disparo de la carabina se alejó de nosotros, mejor dejarlo en paz. Después de esa faena, decidimos descansar esa noche y volver a Seattle al día siguiente.











Ya de regreso y cerca del pueblo de Cle Ellum, decidimos ir a explorar el bosque de las cercanías en busca del alusivo colmenilla. Anduvimos de la Seca a la Meca y ya cuando casi decidíamos regresar a casa, nos hemos encontrado con tres bellísimos ejemplares de morchela esculenta, la colmenilla negra. Ni tardos ni peresosos nos decidimos ir a buscar algunos más ejemplares y terminamos la tarde con veinte ejemplares de muy buen tamaño.








Al día siguiente me he puesto a limpiarlos y a cocinarlos con un espagueti en una salsa estilo Alfredo y con pechuga de pollo. Deliciosos, ojalá estuvieran cerca para poder compartirlos con todos ustedes. Así terminó la cazería de meleagris gallopavo, guajolote o pavo común, con una deliciosa cena de recolección de colmenillas.
















2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Alfredo
Que delicioso te debe haber quedado el platillo. Lástima de la distancia. Saludos y gracias por compartirnos tus experiencias tan interesantes.

Erica Vela

Alfredo dijo...

Erica,

De nada amiga cibernauta, ojalá pudieras estar por éstas latitudes y gozar de manjares tan raros y deliciosos.

Saludos cordiales,

Alfredo.