martes, 13 de abril de 2010

14 de abril


La casa de mis bisabuelos, en donde nací.




Yo Alfredo de niño.

En un día como hoy, pero de hace muchos años nací yo. Soy el segundo hijo de Alfredo Medina Cuevas y Ma. del Consuelo González Ramos, o al revés. Para mí es al revés, mi madre siempre a tenido, tiene y tendrá, una importancia en mi vida inigualable e insuperable. Nací en lo que fue la cocina de la casa de mis bisabuelos. El cuarto era el amarillo, así le decíamos porque estaba pintado de amarillo cuando yo era pequeño. Tiene cinco metros de altura y las vigas son negras, que digo negras, negrísimas por el efecto del ollín de los fogones de tanto año de cocinar. Pero es el cuarto más encantador porque con esa oscuridad, duerme uno tan pero tan bien. Se siente como que está uno en una cueva. En mi antigüa cueva. Hace muchos años que no duermo allí y me encantaría volver a hacerlo. Ojalá que algún día pudiera hacerlo.


Foto de la boleta de calificaciones del colegio, segundo año.
Desde muy pequeño viví con mis abuelos maternos en esa casa. Mi madre tenía que ir a vivir al rancho y a mi no me caía eso nada bien eso y no se me trataba bien. Mi madre decidió dejarme con mi Mamá Toña y Papá Chuche. No todo el tiempo porque en las vacaciones del verano, nos ibamos al rancho con mis padres. De mis abuelos aprendí muchas cosas. Recuerdo haber visto a mi Mamá Toña hacer las tablillas de chocolate. Me daba semillas para sembrar en alguna maceta y esperar a su germinación. Es increíble cuando uno es niño ver como un frijol o una haba comienza a germinar o como un pedazo de geranio, se convierte en un "clón" con solo meterlo a la tierra y regarlo o como una penca de nopal, se convierte en un nopal independiente, otro clón genéticamente igual que de donde cayó.

Jugar con el "miche" (el gato) y jugar bajo el tejado cerca del horno. Me encantaba buscar entre los nidos de las palomas y ver como encubaban y sacaban pichones. Siempre me han gustado los gallos, los guajolotes (pavos), treparme a los naranjos, a los granados y esperar a que las granadas se "abrieran" exponiendo todo su fruto. Jugar en el corral de la casa con tonterías. Recuerdo muy bien cuando me metía al horno de la casa a sacar los huevos que las gallinas habían puesto allí. Ahora ya casi nadie tiene gallinas en el pueblo. Ni cabras, ni burros, ni vacas. Mi tío Polo tenía una burra y a veces nos dejaba subir a ella. Aún recuerdo vivamente en una ocación en casa de mi tío Polo, mi tío Polo grande y chico y mi tío Ramón curtiendo una culebra que luego pusieron el cuero en un cinturón que mi tío Ramón uso. Me encantaba sobremanera subirme a la azotea y ver los animales de los vecinos y los tejados de las casas. Siempre recuerdo esa perspectiva de ver por otro ángulo las cosas. Sobre todo en época de lluvia, que era cuando subiamos a tapar las goteras y veía a mucha otra gente haciendo lo mismo. Recuerdo haber visto muchos, muchos tejados de teja de barro. En la actualidad son reliquias y un privilegio ver los tejados. Recuerdo asomarme al patio de la casa de la "Nena Mota" y oler unas flores amarillas muy grandes que llamaban, "Copa de Oro". Tenían un olor especial y me gustaba mucho olerlas. Mi sitio preferido para jugar en el pueblo era en el jardín de la plaza. En el kiosco también jugabamos mucho. Ir al río a ver los pesecillos era algo fascinante. Jugar con lodo, meternos a los charcos de las calles empedradas cuando llovía. Colgarnos de las pocas camionetas que en esa época circulaban era retebonito. También hacíamos algo que seguramente es muy malo higiénicamente, comíamos polvo, si, el polvo que los camiones colectaban y que era un polvo muy fino pero que sabía a delicia. Ibamos a jugar a "la otra casa", la casa de mi abuela materna y jugabamos con mis primos, los hijos de mi tío Chava. Por lo regular yo jugaba a las canicas o veíamos las caricaturas con Hugo y Baldo, porque yo nací entre ellos. Nos gustaba mucho jugar en el "corral último". Allí nos divertíamos bárbaro.


Acabo de encontrar entre mis fotos a una
"copa de oro", Solandra maxima como la que olí tanta vez.

El tiempo vuela y la vida es corta, hace tanto tiempo que no veo a mis primos, que si me los encuentro en la calle quizá no sepa reconocerlos. Todos tomamos rumbos distintos y pocas veces coíncidimos en un sitio en concreto. Hace nadamás que treinta años que no veo a Hugo, estimado mío.


Un año más de vida, no se por que celebrarlo. ¿Celebrar que es uno más viejo? ¿Vanidad? Ni que yo fuera Narciso. Gracias a quienes me desearon felicidad en facebook.



De veintipico, Chicago.


El pueblo visto desde la salida al camino de San Guillermo, c 1985 ¿?

5 comentarios:

Bob Mrotek dijo...

Alfredo,
En mis sueños yo era uno de tus cuates de niñez :)

Anónimo dijo...

Alfredo,
Tus bellos recuerdos de tu ninez son parecidos a los mios. Como quisiera volver al pasado de estos bellos y inolvidables tiempos.
Tia Cristinita

Alfredo dijo...

Bob:

Por supuesto que eramos grandes "camaradas", aún lo recuerdo mi amigo.

Tía Cristinita:

Ojalá pudieramos detener el tiempo. La vida se va en un Sancti amén.

Reciban cordiales saludos,

Alfredo.

Benjamín Arredondo dijo...

Tarde, pero aquí estoy: Felicidades pr esos quiensabe cuantos y pico! Oye, te comento, para que evitar tu sorpresa (o paro) cuando vengas que ahora, cuando vas a los ranchos, te encuentras con puros Dady Yankis, con el pelo cortado al modo NY y ceja depilada... no me preguntes como le hacen, pero asi andan ahora por acá. Lo acabo de comprobar cuando las fiestas del Señor del Hospital, el jueves y viernes, cuando "bajaron" de los ranchos y HMG! Es que me gusta la gasolina!

Saludos

Alfredo dijo...

Gracias Benja, a mi me gusta la gasolina, dame más gasolina... ja, no me lo imagino. En mi época, te dirían maricón o mariquita. Los tiempos cambian y ojalá que para bien.

Saludos camarada,

Alfredo.