domingo, 27 de septiembre de 2009

Famosas Aventuras.

Jerry es un gran amigo y el mejor compañero que se pudiera tener. Gracias a él he conocido la mayor parte del estado de Washington. Él es de por éstas tierras y las conoce como la palma de su mano. Si les contara las de aventuras que hemos pasado, podría escribir un libro bien grueso. La semana pasada fuimos de cazería de borrego cimarrón. Si, de esos borregos que en México se encuentran en peligro de extinsión pero que gracias al Departamento de Pesca y Vida Silvestre del estado de Washington, por éstas latitudes se encuentran muchas poblaciones saludables distribuídas por todo el estado. Bueno, en la zona desértica del estado. En la primer ocación en que solicité licencia para cazar, fuí tan afortunado que obtuve licencia para la caza de un borrego cimarrón. Fuí uno de siete, escojidos de entre miles de solicitantes. La verdad que yo no sabía ni jota de lo que era un borrego cimarrón. Solo solicité porque es una de las cazas mayores. Tuve que buscar en internet para saber de lo que se trataba. Se trataba de un cornudo borrego hermosísimo.

Pero bueno, en esta ocación no se trata de mi cazería, sino de la de él. Su permiso era para la zona noreste del estado. Cerca del pueblo de Colville y muy cerca del rancho de Curlew, a un costado del río Kettle y cerca del pueblo de Republic. Curlew es un pueblo fantasma. Parecería que solo viven personas mayores. Toda la juventud se ha marchado en busca de mejores oportunidades aunque la zona es maravillosa y de las más bonitas de todo el noroeste aunque semidesértica diría yo. Se pueden obserbar miles de pinos en la cara norte de los cerros y desierto en la cara sur. Pero con un cielo inmensamente azúl.


La tarde que llegamos, decidimos ir a cenar al pueblo de Grand Forks, Canadá. Al llegar a inmigración, me extraño que tardara el oficial algo de tiempo. Solo para después decirme que bajara del auto, que necesitaba hablar conmigo. Me sorprendió y le obedecí. Bueno, pues supuestamente el FBI anda en busca de una persona que usa mi nombre y mi fecha de nacimiento y es buscado por narcotraficante. Supuestamente esa persona es un gran delincuente en Oregón. Después de muchas preguntas y de darle mi número de seguro social, dirección, etc me dejó entrar a Canadá. Aunque me dejó un sabor algo amargo de boca, disfruté la cena. El problema se hizo mayor al regresar. Pues lo mismo sucedió al entrar a los EE UU. Más tiempo en espera y miles de preguntas. Con eso del "Homeland security" jodido. Que conste que en ese pueblito, vi mas agentes de inmigración que en toda mi vida. Por todos rumbos y con nada por hacer. En lujosas camionetas de arriba a abajo disfrutando del panorama y con caras de aburridos. Se les nota que no tienen que hacer. En fin, tendré que arreglar eso con inmigración en Seattle.


Comenzamos la cazería muy temprano por la mañana. Subimos la cuesta de un cerro que con unos quince pasos, nos hizo palpitar el corazón como si estubiesemos corriendo un maratón. Así, subimos la cuesta de la montaña y a eso de las séis de la mañana, a estabamos en la meseta junto a una cabaña abandonada. Observamos con mucha atención las cimas más escarpadas de la sierra. Tratando de ver algún borrego cimarrón. Solo vimos a cinco hembras a las que se deben de proteger por lo que son, hembras. Después de andar de la seca a la meca por toda la sierra y sin ver a ningún macho que se le pudiera cazar. Nos sentamos a descansar como Dios manda. Entre el pasto y tierras, piedras y maraños de la sierra. Bebimos agua y de repente, en la cima del cerro que se localizaba enfrente de nosotros, hemos visto a semejante borrego, que hizo que se nos espantara el corazón de la emoción. Rápidamente nos levantamos con mucho sigilo a tratar de acercarnos para posiblemente y con un golpe de suerte, poder cazarlo. Después de un rato de esperar en silencio y subiendo cuestas, nos dimos cuenta de que así como lo vimos, desapareció como un espejismo. Desilusionados regresamos al pueblo de Republic a recoger una llanta que se nos había "ponchado" el día anterior y que era indispensable tener el repuesto. Agotados y cansados terminó la noche, pensando que al día siguiente, volveriamos a ver al borrego con un poco de mejor suerte.

A la mañana siguiente, no nos podiamos levantar de adoloridos y con unas agujetas en las piernas que no soportabamos estar de pié. Finalmente y después de darnos ánimos lo hicimos y a la sierra de nueva cuenta nos marchamos en busca de nuestro cornudo. Pero ésta vez, nos fuímos por otro camino, uno de tierra en el vehículo. Bajamos en un camino de servicio de los leñadores que pocas vez es usado cuando no se están talando los bosques. En ésta ocación y para colmo nuestro, los leñadores andaban medio talando. Quiero decir que seleccionaban ciertos árboles para talar. Pero al entrar con semejantes máquinas, destrosaron el poco camino que había. En fin que el osado de Jerry, decidió entrar y estacionarse entre el bosque, en la cima de las montañas. De ese lugar caminamos cuesta abajo cazando. Nos dieron las once, las doce, la una, las dos, las tres, las cuatro y las cinco. Como nos habíamos separado, me habla para decirme que acababa de ver a cuatro enormes cimarrones. Le deseé buena suerte y como a eso de las cinco y cuarto, se escuchó un disparo, luego otro y uno más. Corrí hacia donde había escuchado los disparos y me encontré con un hermoso ejemplar, muerto. Me dió mucha tristeza ver tan hermoso macho cornudo y sin vida. Así es la cazería, exitante y triste. A partir de ese momento, comenzó el trabajo. Limpiar animales de esa magnitud en las alturas de la sierra es muy difícil. A esos animales les gusta vivir en las zonas más abruptas de las sierras. En lugares en donde uno no se imagina que vive ni habita, nada. Sin embargo, allí se les encontrará.
Logramos esa tarde limpiar al animal y dejarlo allí por la noche para al día siguiente, pasar a recogerlo. Nos regresamos al coche de noche, acompañados de miles de estrellas que por esas tierras se ven tan bien. El cielo no está contaminado con las luces de las grandes ciudades y se ve en todo su esplendor. Tratar de subir un rudimentario camino dañado entre el bosque y de noche, es cosa imposible. Tratamos, tratamos y tratamos y no pudimos. El vehículo se hundía entre un polvo que parecía talco y profundo. Finalmente la camioneta simplemente se apagó después de darle algunos golpes y de romper el radiador. Tiró también el aceite y se nos acabó el veinte. No nos quedó mas remedio que quedarnos en el bosque.
Muy temprano por la madrugada, como a eso de las tres de la mañana pasó el primer camión rumbo a la zona de carga. De regreso, Jerry lo estaba esperando para que le diera un "abentón" al pueblo y buscar ayuda. Para que la ayuda llegara pasaron ocho horas y no sin que antes de eso me topara con el guardabosques que con tono de gracia me dice, -"buscaste el sitio más plano del bosque para estacionarte". Dios mío, el tamaño de la infración que nos espera pensé. Pero, la suerte estaba con nosotros en ese momento, no nos dió infracción porque el tamaño del cobro que recibiriamos por sacarnos de allí. Finalemente llegó la grúa, sacaron al vehículo y nos separamos. Jerry a sacar al animal de la sierra y yo a llevar a componer el vehículo en un taller en Colville. Me preguntaras que en cuanto nos costó la remolcada...Colville Towing nos cobró la grandiosa cantidad de setecientos dos dólares con sesenta y siete centavos nada más. Aunque eso no fue todo, aún tuve que rentar un coche, volver a Curlew, hospedarme en el Wolflang hotel y al día siguiente, volver a Colville a recoger el coche y pagar por su compostura. Me dijeron que el motor se apaga automaticamente cuando se sobre-trabaja en posición angular. Además de haber perdido todo tipo de líquidos y demás. Me encontré con Jerry en Curlew ya de noche, me contó sus aventuras y trabajos sacando al borrego cimarrón de la sierra, terminamos la noche en una cantina del pueblo de Republic, bebiendo una cerveza y contando lo pasado. Regresamos a Seattle, pensando en que esa zona del estado vive, cuarenta años atras y así lo quieren. Me recordó algo a mi pueblo, el comportamiento "sin prisa" de la gente. Que vive bien y no se preocupa por lo que se tiene que hacer el resto del día. Envidiable.

2 comentarios:

Bob Mrotek dijo...

Alfredo,
De hoy en adelante voy a pensar de ti como "Nimrod", el cazador. Que fantástica una historia. Gracias amigo.

Alfredo dijo...

Así es Sr. Bob, Nimrod es el apodo perfecto para mi. Me gusta aunque causa tristeza ver tan hermoso animal muerto.

Saludos cordiales,