domingo, 13 de febrero de 2011

El Cupido del día de San Valentín.



El Cupido es uno de los símbolos de San Valentín. Se le conoce como un niño alado y armado con arco y flechas que son disparadas a Dioses y humanos, provocando que se enamoren profundamente. En ocasiones, es representado también con los ojos vendados, para mostrar que el amor es totalmente ciego.
Su propia historia de amor aparece narrado en su forma más completa en la novela latina, "El asno de oro" o "Las Metamorfosis" de Apuleyo (s. II d.C.).


En la antigua Grecia, el Cúpido era conocido como Eros, el hijo jóven de Afrodita la Diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Para los romanos el Cupido es el Dios del amor. El Cupido es el hijo de Venus y de Marte, el Dios de la guerra. El Cupido era ayudante de su madre Venus, dirigía la fuerza primordial del amor y la llevaba a los mortales. Era un pícaro y muy carismático, pero a veces cruel con sus víctimas, ya que no tenía escrúpulo alguno ni compasión para con ellas. A la espalda llevaba dos clases de flechas: unas doradas con las plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo y profundo, y otras de plomo con las plumas de búho que provocaban la maldita indiferencia del ser que uno quiere y que ese ser, nos ignora con la indiferencia.


Consciente del poder que tenia, a veces rechazaba las peticiones de su madre y los demás dioses de interferir en el curso de la vida de algunos mortales así que provocaba frecuentes problemas a los Dioses del Olimpo. Un día se enfadó con Apolo cuando éste bromeo sobre sus habilidades como arquero, así que el Cupido hizo que Apolo se enamorara de la ninfa Dafne y a ella le disparó una flecha con punta de plomo. Dafne rezó al Dios río Peneo pidiendo ayuda y fue transformada en un árbol de laurel, que se consagró a Apolo.


Así entre rebeldía y travesuras, el cupido cumplía con su cometido, al paso del tiempo Venus comenzó a preocuparse porque su hijo no crecía. Así que en busca de una respuesta se dirigió al Oráculo de Temis, quien le dijo: "El amor no puede crecer sin la pasión". Venus no comprendió la respuesta hasta que nació su hijo Anteros, el Dios de la pasión. Cuando estaba junto a él, el Cupido crecía y se transformaba en un hermoso y apuesto jóven pero, cuando se separaban, volvía a ser un niño, el niño de siempre.


Por otro lado, en la Tierra de los mortales vivía una princesa llamada Psique (Alma), que a pesar de ser tan bella no lograba encontrar marido pues los hombres que la idolatraban no se sentían dignos de ella. Su padre intentó hallar a través del oráculo de Delfos un buen marido para Psique, pero éste predijo que ella encontraría el amor en un precipicio. El marido que le sería destinado a Psique, una serpiente alada, terrible y poderosa, que llegaría hasta ella y la haría su esposa.


Venus celosa por la gran belleza de Psique le pidió al Cupido que la hiciera enamorarse locamente del hombre más feo, vil y despreciable del mundo. Enterada de que se encontraba en el borde del abismo, envió a su hijo a dispararle sus flechas pero éste al verla, se enamoró profundamente de ella y creció hasta convertirse en un apuesto y majo jóven.


Contra los deseos de Venus, el Cupido llevó a Psique por arte de magia a un castillo aislado y se casó con ella. Teniendo la condición de que como simple mortal, tenía prohibido mirarlo. La princesa al sentirlo cerca y escuchar su dulce voz varonil no sintió temor. Estaba segura que no era un monstruo, sino el apuesto amante esposo que tanto tiempo había deseado. Él la visitaba todas las noches rogándole siempre, que no viera su rostro.


Eran muy felices hasta que convencida por sus envidiosas hermanas, Psique rompió la prohibición impuesta por los Dioses y miró a su marido. Eso le valió el castigo de ser abandonada por el Cupido, quien con tristeza se despidió diciéndole:
-"El Amor no puede vivir sin la confianza".


Expulsada del castillo, la arrepentida princesa recorrió el mundo en busca de su amado, superando una serie de desafíos cada vez más difíciles y peligrosos impuestos por Venus. Como última instrucción le dió una pequeña caja indicándole que la llevara al inframundo. Tenía que llevar un poco de belleza a Proserpina, la esposa de Plutón. Se le advirtió también que por ningún motivo debía abrir la caja. Psique se alistó para el viaje y durante el, se enfrentó a varios peligros que fueron superados gracias a los consejos dados. Sin embargo, la curiosidad por abrir la caja la venció. Así que lo hizo y al momento de hacerlo, cayó en un profundo sueño que parecía la muerte.


El Cupido al encontrarla, le retiró el sueño mortal de su cuerpo y lo puso de nuevo en la caja. Finalmente la perdonó al igual que Venus. Fue tanto lo que ella luchó que finalmente los Dioses, conmovidos por el amor de Psique hacia el Cupido, la convirtieron en una Diosa para que pudiera reunirse con su amado.


Felizmente, el Cupido y Psique: El Amor y el Alma, se unieron tras duras pruebas. De esta unión nació una hija llamada Voluptas cuyo nombre significa "Placer", de donde derivan palabras como voluptuosidad.


A partir de la historia de estos dos personajes el amor ha sido simbolizado por dos corazones atravesados por una flecha: la flecha del Cupido. Y así termina el bellísimo mito del Cupido, el Dios del Amor para los romanos o Eros para los griegos y para nosotros, símbolo del verdadero amor.

2 comentarios:

Hope's Hunter dijo...

Buscando imágenes de Cupido para un trabajo acabé en tu blog, leyendo esta entrada, y tengo que decir que me ha encantado :) Siempre había oído hablar sobre Cupido y Psique, pero nunca habia oido su historia, es preciosa.

Alfredo Medina González dijo...

En efecto Hope: La mitología griega es fascinante y siempre llena de sorpresas. Me fascina todo lo relacionado con la mitología y sus dioses que tienen siempre para nosotros, enseñanzas muy actuales. Te dejo la entrada de "La Vanidad" que forma parte de la mitología griega y es muy hermosa ese mito.

http://diariodealfredo.blogspot.com/2009/12/la-vanidad-de-narciso.html

Saludos cordiales,

Alfredo.