domingo, 11 de noviembre de 2012

Apolo y Jacinto, mitología griega.

Hace ya mucho tiempo que no publico nada porque mi tiempo que usaba en escribir en éste espacio, lo he dedicado a facebook. Hoy, vagaba por el ciberespacio y no se como me topé nuevamente con la apasionante mitología griega. Les dejo a continuación, un amor entre el Dios Apolo y un mortal, Jacinto.  


Jacinto, era un apuesto joven hijo del rey de Esparta, tan hermoso como los mismísimos dioses del Monte Olimpo, gozaba del amor de Apolo, el arquero. El dios Apolo solía bajar por las orillas del río Eurotas, dejando desierto su santuario en Delfos, para pasar tiempo con su joven amigo y deleitarse con los placeres de los jóvenes amantes. Cansado de su música y de su gran arco, Apolo hallaba descanso en pasatiempos sencillos. Ora llevaba a Jacinto a cazar a los bosques y calveros de las laderas de las montañas, ora practicaban gimnasia, una disciplina que posteriormente Jacinto enseñaría a sus amigos y por la que fueron famosos los espartanos. La vida sencilla despertó los apetitos de Apolo, a quien el muchacho de pelo rizado resultó más encantador que nunca. Apolo le entregó su amor sin restricciones, olvidando que se trataba de un simple mortal.



Una vez, durante una calurosa tarde de verano, los amantes se desnudaron, se untaron con aceite de oliva y probaron suerte en el lanzamiento de disco, cada uno de ellos intentando superar al otro. El disco de bronce volaba cada vez más alto. Finalmente, reuniendo todas sus fuerzas, giró sobre sí mismo hasta que dejó libre el brillante disco, que se alzó rápidamente, cual pájaro, cortando en dos las nubes hasta que, brillando como si fuese una estrella, empezó a caer.


Jacinto corrió a cogerlo, tanta era la prisa que tenía por lanzarlo, para demostrar a Apolo que, por joven que fuera, no era menos diestro que el dios en este deporte. El disco cayó por fin a tierra pero era tanta la fuerza que llevaba que rebotó y golpeó violentamente a Jacinto en la cabeza. Este gimió dolorido y cayó al suelo. La sangre manó en grandes cantidades por su herida, tiñendo de profundo carmesí el oscuro cabello del hermoso joven.


Horrorizado, Apolo corrió hacia su amante, se inclinó sobre él, dejó reposar su cabeza sobre sus propias rodillas e intentó desesperadamente cortar el torrente de sangre que salía de la herida, pero todo fue en vano. Jacinto cada vez estaba más pálido y sus ojos, siempre tan vivos, perdieron su brillo mientras su cabeza caía hacia un lado, como si fuese una flor del campo que se marchitase bajo los rayos del sol de mediodía. 



Con el corazón destrozado, Apolo gritó: "¡Te llevaron las garras de la muerte, amado mío! Ay de mí, pues por mi culpa has muerto. ¿O debo culpar a mi amor? Ay, culpa de un amor que demasiado ama. ¡Si tan sólo pudiese expiar mi culpa uniéndome a ti en el viaje a los reinos desolados de la muerte! ¿Por qué he sido castigado con la maldición de la vida eterna? ¿Por qué no puedo seguirte?


Apolo sostuvo a su moribundo amigo junto a su pecho, mientras sus lágrimas caían a borbotones sobre su pelo manchado de sangre. Jacinto murió y su alma voló al reino de Hades. El dios se agachó y susurró suavemente junto a la cabeza del joven muerto: "Siempre vivirás en mi corazón, hermoso Jacinto. Que tu recuerdo viva también entre los hombres". Y, a una orden de Apolo de la sangre de Jacinto brotó una flor roja a la que nosotros llamamos jacinto y en cuyos pétalos puede aún leerse "Ay", el sollozo de pena que surgió del pecho de Apolo.

Así, la memoria de Jacinto pervivió entre la burguesía de Esparta, que honró a su hijo, a quien festejó durante tres días con las fiestas jacinteas. El primer día, lloraron su muerte y los dos últimos, celebraron su resurrección.

martes, 21 de agosto de 2012

We Are The People.


"We Are The People"

We can remember swimming in December
Heading for the city lights in 1975
We share in each other
Nearer than farther
The scent of a lemon drips from your eyes

We are the people that rule the world
A force running in every boy and girl
All rejoicing in the world
Take me now, we can try

We lived an adventure
Love in the Summer
Followed the sun till night
Reminiscing other times of life
For each every other
The feeling was stronger
The shock hit eleven, got lost in your eyes

I can't do well when I think you're gonna leave
But I know I try
Are you gonna leave me now?
Can't you be believing now?

I can't do well when I think you're gonna leave
But I know I try
Are you gonna leave me now?
Can't you be believing now?

Can you remember and humanise?
It was still where we'd energised
Lie in the sand and visualise
Like it's '75 again

We are the people that rule the world
A force running in every boy and girl
All rejoicing in the world
Take me now, we can try

I can't do well when I think you're gonna leave
But I know I try
Are you gonna leave me now?
Can't you be believing now?

I can't do well when I think you're gonna leave
But I know I try
Are you gonna leave me now?
Can't you be believing now?

I know everything about you
You know everything about me
We know everything about us

I know everything about you
You know everything about me
We know everything about us

I can't do well when I think you're gonna leave
But I know I try
Are you gonna leave me now?
Can't you be believing now?

I can't do well when I think you're gonna leave
But I know I try
Are you gonna leave me now?
Can't you be believing now?

I can't do well when I think you're gonna leave
But I know I try
Are you gonna leave me now?
Can't you be believing now?

domingo, 15 de julio de 2012



El Beso de Gustav Klimt

Garcilaso de la Vega

Soneto V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

jueves, 7 de junio de 2012

Óyeme con los ojos.



Óyeme con los ojos,
Ya que están tan distantes los oídos,
Y de ausentes enojos
En ecos de mi pluma mis gemidos;
Y ya que a ti no llega mi voz ruda,
Óyeme sordo, pues me quejo muda.


Sor Juana Inés de la Cruz.
Ciudad de México, Nueva España.